Budapest
Los zapatos del Danubio: la historia que hay que conocer antes de ir
Sesenta pares de zapatos de hierro en la orilla del Danubio recuerdan a los judíos fusilados allí en el invierno de 1944-45. Qué ocurrió exactamente, quién creó el memorial y cómo visitarlo con el respeto que exige.
En el paseo que bordea el Danubio por el lado de Pest, a unos minutos del Parlamento, hay sesenta pares de zapatos abandonados al borde del agua. Zapatos de hombre, de mujer, de niño; botas de trabajo, tacones, sandalias. Están hechos de hierro y llevan ahí desde 2005, pero reproducen una escena de un invierno concreto: el de 1944-45, el más negro de la historia de Budapest.
Qué ocurrió en esta orilla
En octubre de 1944, con la guerra ya perdida, Alemania derrocó al gobierno húngaro que tanteaba la rendición e instaló en el poder al Partido de la Cruz Flechada (Nyilas), los fascistas húngaros. Durante los meses siguientes, con el Ejército Rojo cercando la ciudad, las milicias flechadas desataron un terror callejero contra los judíos de Budapest que ni siquiera esperaba a los trenes de deportación: sacaban a la gente del gueto y de las «casas protegidas» de los diplomáticos neutrales, la llevaban en columnas hasta el río — este tramo entre el Parlamento y el Puente de las Cadenas fue uno de los lugares usados —, la ataban a menudo en grupos, la obligaban a descalzarse y la fusilaban al borde del agua, de modo que la corriente se llevara los cuerpos.
Los zapatos se los quedaban: en la economía de guerra, un buen par de botas valía dinero. De ahí la imagen del memorial. Se estima que las milicias flechadas asesinaron así, en la propia orilla, a miles de personas en pocos meses, dentro del medio millón largo de judíos húngaros exterminados en el Holocausto — la mayoría deportados a Auschwitz en el verano de 1944 a un ritmo que no tuvo igual en toda la guerra.
También hubo quien salvó vidas en esas mismas semanas: los pasaportes suecos de Raoul Wallenberg, las casas españolas de Ángel Sanz Briz —el diplomático español que protegió a más de 5.000 judíos con documentos falsos de «sefardíes»— y el italiano Giorgio Perlasca, que siguió la obra de Sanz Briz haciéndose pasar por cónsul de España. Si el tema te interesa, sus historias están unidas a este mismo barrio.
El memorial
La idea fue del cineasta Can Togay y las esculturas del artista Gyula Pauer: sesenta pares de zapatos de hierro fundido, modelados según el calzado real de los años 40, fijados al pavimento de piedra en el punto exacto donde termina el suelo y empieza el río. No hay figuras, no hay nombres, no hay pedestal. Solo tres placas discretas en hierro, en húngaro, inglés y hebreo: «A la memoria de las víctimas fusiladas en el Danubio por los milicianos de la Cruz Flechada en 1944-45».
Funciona precisamente por lo que falta. Los zapatos a tu escala, algunos diminutos, con velas y piedrecitas dentro que dejan los visitantes, en el borde sin barandilla, con el agua moviéndose debajo. No hace falta explicar nada más in situ; por eso conviene llegar sabiendo la historia — es lo que intenta esta página.
Cómo visitarlo
- Llega desde el Parlamento: tras verlo, camina hacia el sur por el paseo alto y baja las escaleras al nivel del río. El memorial está en el paseo bajo (id. de la parada más cercana: Kossuth Lajos tér, metro M2 y el tranvía 2, la línea panorámica de la orilla).
- La hora cambia el lugar por completo. A mediodía puede haber grupos y cierta rutina de fotos. Al amanecer o al atardecer, con el Puente de las Cadenas iluminándose enfrente y casi nadie alrededor, es uno de los momentos más sobrecogedores del circuito entero.
- El código de conducta no escrito: se puede fotografiar, por supuesto — el memorial existe para ser visto —, pero sin posados, sin pies dentro de los zapatos, sin sentarse entre ellos. Si quieres dejar algo, una piedra pequeña o una vela es el gesto tradicional.
- Ojo con la crecida: cuando el Danubio viene alto, el paseo bajo se inunda y el memorial queda inaccesible o directamente bajo el agua. Si es el caso, no hay alternativa: tocará verlo desde el paseo superior.
A diez minutos andando, en la orilla contraria del barrio judío, la sinagoga de la calle Dohány y su cementerio-patio completan la memoria de aquel invierno. Juntos explican por qué Budapest, la ciudad más festiva del circuito, tiene también su lugar más silencioso.
Preguntas rápidas
¿Dónde están exactamente los zapatos del Danubio?
En el paseo bajo de la orilla de Pest, a unos 300 metros al sur del Parlamento en dirección al Puente de las Cadenas. Desde la parada Kossuth Lajos tér (metro M2, tranvía 2) se llega en cinco minutos; hay que bajar al nivel del río.
¿Por qué son zapatos y no estatuas de personas?
Porque los verdugos obligaban a las víctimas a descalzarse antes de fusilarlas: el calzado era valioso y se revendía. Los zapatos vacíos, en el punto exacto del borde, cuentan lo ocurrido sin representar a nadie: cada visitante pone la ausencia.
¿Se pueden tocar los zapatos o dejar algo en ellos?
Es habitual dejar velas, piedras pequeñas (tradición judía de duelo) o flores dentro de los zapatos. Lo que no se hace: meter los pies en ellos, sentarse al lado a posar o usarlos de atrezo para fotos. Es una fosa común simbólica.
✳ Datos perecederos (precios, horarios, tarifas): ubicación y acceso comprobados en julio de 2026.